Minería del cobre aumentó su consumo de energía un 27,3% en una década

El consumo energético asociado al uso de agua de mar se multiplicó por 5,6 en la década, convirtiéndose en el proceso de mayor crecimiento. Este incremento está dominado por la energía necesaria para impulsar el agua hacia las faenas en altura

La Comisión Chilena del Cobre (Cochilco) publicó el informe “Consumo de Energía en la Minería del Cobre 2025” el cual da cuenta sobre el uso que las empresas de la gran minería de cobre en Chile han realizado de dicho insumo durante la última década.

Una de las conclusiones del trabajo es que el sector consumió 210,6 petajoules (PJ) de energía en 2025, un 27,3% más que en 2015. Durante el mismo período, la producción pasó de 5,77 a 5,39 millones de toneladas de cobre fino. Este aumento de la demanda energética responde a mayores volúmenes de material movido y procesado para obtener niveles similares de producción, y no implica, por sí solo, una menor eficiencia de las operaciones.

Los resultados se obtienen de la Encuesta Minera de Producción, Agua y Energía (EMPAE), cuya versión 2026 abarcó 52 operaciones de 27 empresas, equivalentes al 100% de la gran y mediana minería del cobre.

De acuerdo con el informe, el sector representó el 14,8% del consumo energético nacional en 2024. Entre 2015 y 2024, su demanda creció un 23,9%, por encima del aumento de 21,9% registrado a nivel nacional. En ese mismo período, la intensidad energética —la energía necesaria para producir una tonelada de cobre fino— aumentó un 36%, en un contexto de mayores volúmenes de sulfuros de cobre procesados.

El diésel concentra el desafío de las emisiones directas

Por primera vez en la serie evaluada, los combustibles superaron levemente a la electricidad, aunque ambos mantienen una participación cercana a la mitad del consumo energético del sector.

El diésel concentró el 93% del consumo de combustibles, vinculado principalmente al transporte en camiones de extracción en la minería a rajo abierto. Su combustión constituye la principal fuente de emisiones directas de gases de efecto invernadero del sector y su sustitución sigue siendo un desafío en el corto plazo.

En contraste, el 80,1% de la electricidad consumida está acreditada mediante contratos como de origen renovable. Esta participación constituye una herramienta relevante para reducir las emisiones asociadas a procesos eléctricos, como los de las plantas concentradoras.

El consumo energético asociado al uso de agua de mar se multiplicó por 5,6 en la década, convirtiéndose en el proceso de mayor crecimiento. Este incremento está dominado por la energía necesaria para impulsar el agua hacia las faenas en altura.

Los resultados evidencian una creciente interdependencia entre agua y energía: el uso de agua de mar permite enfrentar la escasez hídrica, pero también genera nuevas necesidades energéticas que deben incorporarse a la planificación de las operaciones.

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